Hacia los diez años, el matrimonio de sus padres comenzó poco a poco a desmoronarse.
Jeff continuaba sintiendo gran pasión por los animales, pero estaba más interesado en cómo eran por dentro. Comenzó a aficionarse a recoger animales muertos que encontraba atropellados en la carretera; los metía en una bolsa de basura y luego se los llevaba al patio trasero de su granja.
🔸Una insana afición por el sexo violento
En plena época del desarrollo de su sexualidad, Jeffrey Dahmer se dedicaba a este tipo de prácticas, estableciendo una asociación entre violencia y sexo que marcaron su conducta y sus acciones posteriores. Sentía atracción por los hombres, fantaseaba que se acostaba con ellos y luego los asesinaba. Dahmer estaba atormentado por sus fantasías tan recurrentes, de modo que, en un intento por olvidarlas, comenzó a beber.
En el instituto, fue un alumno educado con los profesores y divertido con sus compañeros, por lo que se ganó la fama de payaso de clase. Sacaba buenas notas cuando se lo proponía y hacía sus deberes si la asignatura le interesaba. No obstante, en los últimos años, se fue desvinculando de sus estudios y perdió el interés por fomentar las relaciones sociales, tan claves durante una época tan inestable como la adolescencia.
🔸Asesinatos y crímenes
Cometió el asesinato y desmembramiento de diecisiete hombres y adolescentes entre 1978 y 1991. Muchos de sus asesinatos involucraron la necrofilia, el canibalismo y la preservación permanente de partes del cuerpo, generalmente todo o parte del esqueleto.
Fue justo después de acabar sus estudios secundarios cuando Jeffrey empezó a cometer crímenes atroces.
Cuando se graduó en el instituto, sus padres se divorciaron al poco tiempo:
Aquel verano de 1978, cometió el primer asesinato. Volvía a casa en su coche tras tomar unas cervezas en un bar y recogió a un joven autoestopista llamado Steven Hicks.
Dahmer le invitó a su casa a beber cerveza y a fumar marihuana. Cuando Hicks dijo que se tenía que ir, en un arrebato, Dahmer le golpeó en la cabeza con una mancuerna y luego lo estranguló con ella. Presa del pánico, bajó el cadáver al sótano. Por la mañana, compró un cuchillo de caza, le abrió el vientre y se masturbó sobre las vísceras. Después de eso, despedazó el cuerpo, lo metió en bolsas de basura y las cargó en su coche. De camino a un basurero cercano, fue interceptado por una patrulla de policía. La suerte quiso que no inspeccionaran el contenido de las bolsas y únicamente le multasen por exceso de velocidad. Aterrado, volvió a casa y metió las bolsas en una gran tubería de desagüe que había en el sótano. Cuando volvió dos años después, cogió los huesos y los machacó con un gran mazo. A continuación, esparció los restos por la maleza que rodeaba la casa. Las pulseras y reloj que llevaba la víctima fueron arrojadas al río.
En un intento por enderezarse, fue a vivir con su abuela a una localidad cercana a Milwaukee. Se convirtió en un hombre de fe, dejó la bebida y pareció que puso fin a sus impulsos sexuales… Hasta que una tarde, estando en la biblioteca, se le acercó un joven que le dejó una nota en la que le ofrecía favores sexuales en el lavabo. Según parece, ese momento fue decisivo para despertar su apetito voraz por querer someter a otros hombres a su voluntad. Como sabía que aquello no era correcto, robó el maniquí de una tienda, que utilizaba para masturbarse. Pero esto no apagaba su sed insaciable.
Tras nulos intentos por frenar sus pulsiones, una noche de 1986, en un bar de ambiente gay, conoció a Steven Toumi, con quien fue a un hotel. Ya en la habitación, Dahmer le echó cuatro somníferos en la bebida para dejarlo inconsciente. Aunque siempre dijo no recordar lo que ocurrió, cuando Jeff despertó, encontró el cadáver de Toumi con la cabeza fuera de la cama, los brazos llenos de contusiones y varias costillas rotas.
Ante aquella escena, y sin perder la calma, se fue a comprar una gran maleta con ruedas, volvió al hotel y metió el cuerpo en ella. Fue en taxi hasta el sótano de casa de su abuela, donde poder descuartizarlo a gusto. El proceso fue casi idéntico al que realizó con su primera víctima, aunque esta vez, deshuesó el cadáver y conservó el cráneo como recuerdo.
A partir de ese momento, Jeffrey Dahmer cedió finalmente ante sus impulsos: volvería a frecuentar los clubs en busca de hombres para conquistarlos y descuartizarlos. Tras drogar y estrangular a James Doxtator (enero de 1988), escondió el cuerpo de su víctima durante una semana y cometió actos de necrofilia con él. Una vez el proceso de descomposición se aceleró y el mal olor era evidente, lo descuartizó.
Con su cuarta víctima (Richard Guerrero), actuó siguiendo el mismo procedimiento. Entretanto, dejó la casa de su abuela y se alquiló un piso en solitario, lo que aceleró el baño de sangre. Esta espiral casi acaba a comienzos de 1989, cuando un chico de trece años al que intentó seducir escapó de su apartamento y alertó a la policía. Por aquel hecho, cumplió diez meses de condena por agresión sexual, pero no se descubrió su terrible secreto. Tres semanas después de salir de prisión, volvió a Milwaukee, donde comenzó una orgía de sangre que duraría todo un año, hasta bien entrado 1990. A pesar de sus antecedentes, nadie le investigó por las desapariciones de jóvenes que estaban ocurriendo en la ciudad, hasta un total de trece.
Jeffrey Dahmer sentía una necesidad imperiosa por mantener sexo con personas cuya voluntad estuviera anulada. Para lograrlo, estando algunas de sus víctimas aún con vida, les practicaba trepanaciones craneales con un taladro y luego les inyectaba un ácido suave en el cerebro con ánimo de crear una especie de zombies a quienes poder controlar. Ante el fracaso de sus experimentos, Jeff las remataba. En un último intento por controlarlos, empezó a comerse los cuerpos, ya que confesó sentir que pasaban a ser una parte permanente de él. Aquello también le producía placer sexual. Poco a poco los restos de cadáveres se fueron amontonando en su apartamento pero, a pesar de los malos olores que impregnaban el edificio, los vecinos no se alertaron.
🔸 El descubrimiento del horror
No fue hasta julio de 1991 cuando fue detenido. Tracy Edwards, de treinta y un años, lograba salir medio drogado y desnudo del piso de Dahmer, pero consiguió parar a una patrulla que pasaba por allí. Cuando registraron el apartamento, descubrieron más de ochenta polaroids que mostraban cuerpos en diferentes momentos de descuartizamiento, una cabeza en el frigorífico y restos humanos en el congelador; además de un bidón de doscientos litros de capacidad lleno de ácido que el caníbal utilizaba para deshacer los restos humanos.
🔸 Vida en prisión y muerte
A Dahmer le atribuyeron "parafilia, necrofilia, parcialismo, alcoholismo y un trastorno de la personalidad antisocial con componentes obsesivo-compulsivos y sádicos. Además de un trastorno sexual no especificado". En su juicio se consideró que Dahmer estaba legalmente cuerdo y fue sentenciado a quince cadenas perpetuas el 17 de febrero de 1992.
Se le envió a la prisión de Columbia (Wisconsin), donde volvió a la iglesia para expiar sus pecados.
El 28 de noviembre de 1994 halló su final de forma violenta, cuando Christopher Scarver, preso que también cumplía condena por asesinato, lo abordó en el gimnasio de la cárcel y le golpeó con una barra de pesas hasta que lo mató. Para algunos, fue la muerte que alguien como Dahmer merecía, pero para muchos otros, supuso la privación del derecho de los ciudadanos de tenerle purgando por lo que había hecho hasta el final de sus días.
El oso de la oscuridad 🐻

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