Francisco Guerrero es el primer asesino en serie del que se tiene registro en México. Él fue acusado de matar a más de 20 sexoservidoras de 1880 a 1888. Su alias se debe a que se vestía como catrín: pantalones de casimir ajustados, camisa blanca, una faja de colores en la que ocultaba el cuchillo con el que asesinaba a sus víctimas, sombrero negro, zapatos recién lustrados y un elegante chaleco.
Sus asesinatos aterraron a la gente de la época, pues usaba los servicios sexuales que las mujeres ofrecían, pero el verdadero placer para “El Chalequero” venía después: estrangulaba o degollaba a sus víctimas, en muchas ocasiones las decapitaba y arrojaba los cuerpos inertes al Río Consulado.
Según el perfil psicológico del asesino realizado por algunos estudiosos, este hombre sentía el derecho de asesinarlas porque consideraba pecaminosa su labor. Además de estar lleno de un sentimiento de superioridad física y moral, por lo que aprovechaba la vulnerabilidad de las mujeres para desfogar su odio contra el género femenino.
A diferencia de Jack el Destripador –que coetáneamente estaba causando pánico en Londres– Guerrero nunca intentó ocultar su identidad; “sus homicidios eran conocidos por todas las prostitutas de la zona pero ninguna fue capaz de denunciarlo o entregarlo a la policía debido al temor de posibles represalias en su contra”; se lee en una investigación de El Universal.
El mote de “El chalequero” es aducido a dos razones distintas; una de ellas es que era conocido así por usar esa prenda cotidianamente o por mantener relaciones sexuales “a chaleco”, es decir, a la fuerza.
De su vida se ha dicho mucho. Naturalmente muchas de las características que se le atribuyen son imposibles de comprobarse. Se dice, por ejemplo, que era económicamente mantenido por sus amantes, que incluso no gastaba un solo peso en la ropa que portaba. Además, que era una persona especialmente preocupada por su físico, que tenía dotes de galantería y una habilidad de empatía importante. Lo que parece constar es que vivía en la calle del Padre Lecuona y tenía el oficio de zapatero.
Después de ser capturado en 1888, Guerrero fue condenado a la pena de muerte pero Porfirio Díaz revocó la sentencia y fue condenado a 20 años de prisión en Lecumberri. Seis años después, en 1904 fue indultado por error, pero regresó a prisión en 1908 después de acabar con la vida de una anciana.
Murió por una hemiplejía derivada presuntamente de una congestión cerebral sólo dos años después en la comodidad de una cama en el Hospital Juárez a la edad de 70 años.
La fama de su crueldad alcanzó niveles nacionales, incluso, fueron ilustrados por Guadalupe Posada. Todos los diarios hablaban sobre él. En uno de ellos, conservado hasta ahora se lee: “Allá por los años de 1880 a 1888, Jack el destripador horrorizaba buena parte de la culta Europa. Nunca en México habíamos tenido la desgraciada noticia de un criminal tan terrible y sanguinario. Desde hace más de veinte años se venían registrando, crimen tras crimen, hasta la suma de 17 mujeres degolladas horriblemente”.
El número de víctimas no es totalmente certero, mientras que algunos estudiosos lo ubican en 17, otros aseguran que asciende a 20.
El oso de la oscuridad 🐻



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